En el momento que empecé a conectar con mi alma, con mi Ser, con ese algo más, mi devenir vital se ha convertido en un propósito de vida y además en un acompañar a más bellos seres en ese camino.
Oriente durante milenios lleva guiándonos en ese sendero del ser, occidente quiere abrir los ojos y se importa nuevas técnicas para acercarnos levemente a la quietud a través de la atención consciente y me regocija que cada vez más personas vayan más allá en su día a día y no se conformen en sumar días a su calendario vital.
Mi propósito es intenso, fuerte, pero nada fácil y cuando hablo solo acoto inmensas sensaciones que me gustaría pintar en mil colores para traducirlas a todos los seres que quieran oírme. Mi cuerpo me habla y me entrego a lo que él me dice para que mi mente solo sea un susurro de lo que mi Ser establece en mí.
Cada paso es con más vigor aún a riesgo de quemar y mi esencia solo quiere impregnar a todo aquel que se acerca a su llama vital y a su pasión por la vida, y ahí está mi dilema, mi impaciencia, porque debo esperar a que cada uno encontremos nuestro tiempo, nuestro momento para expandirnos.
Sé para lo que he venido, y no, no es fácil, he venido a tender mi mano a todos aquellos valientes que quieren volver a ellos, a conectar con su esencia, con su alma, con ese algo más (pero a la vez todo) a percibir más allá de paradigmas y que se atrevan a jugar con los símbolos, y junto con ellos formar parte de una humanidad que crea su vida desde su serena esencia y que destila amor por todos los poros.
Ahora mismo sé que mis palabra para muchos pueden sonar extrañas y sin embargo para otros les resuena de alguna forma, y para los más avezados esto ya les es vetusto porque viven en un constante estado de quietud, esencial que va más allá de lo aparentemente establecido.
Continuo sintiendo y a través de esas sensaciones me conecto con todo lo que me rodea y en ese intercambio sigo moviendo mi mano para asir a todo aquel que quiera Ser y acompañarnos en este mágico camino.