miércoles, 1 de diciembre de 2010

Eternamente juntos

Papá no superó tu vacío y ya está contigo, fue un intenso camino tortuoso y de mucho sufrimiento para reunirse en tu cielo. Para los demás supuso volver a sufrir una pesadilla con los mismos actos, pero mucho más agotadores que antes.
Ahora tengo la sensación de que la melancolía se ha adueñado de nuestra vida, cuesta sonreír de corazón, porque el peso de la ausencia se ha vuelto enorme. Intento imaginarme un lugar étereo dónde estáis los dos sonriendo, felices, sin ningún dolor y desde donde nos vigilais para que no perdamos el rumbo.
Aunque os habéis ido me miro al espejo y veo un reflejo de los dos, una semejanza que se acrecienta con vuestra falta, no la buscaba pero la he encontrado y no es cosa de la imaginación.
Ahora toca vivir con el recuerdo de los buenos momentos, y soñaros en una eterna luna llena de algodón, la misma que os llamo a su regazo. Las flores y sus aromas os van echar de menos, aunque cuidaremos de ellos en vuestra partida. Sólo os pido un sitio a vuestro lado cuando en un futuro llegue el momento del reencuentro.

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