Hoy es domingo y me siento tan cansada que necesito, una chispa, algo casi para respirar (esto creo que es exagerar en demasía). Estos últimos día laborales me han barrido y me miro al espejo y parece que envejeciera por segundos y me sale la frase que decía Papá: "Esto no es para llegar a viejo".
Así que hoy me levantado (tras pocas horas de descanso nocturno) me he sentado en la terraza y desayunado al aire libre, oyendo los pajaritos, mirando las flores... y los niños lanzados a la piscina porque es uno de julio y la urbanización se llena de familias deseosas de vacaciones.
Unos minutos al sol para coger un poquito de energía, y después me he acordado de ti (me pregunto cuando no me acuerdo de ti) porque estas fechas, aunque coinciden con mi cumple me recuerdan el inicio de tu fin, me pongo triste y no quiero.
Mirar las flores o ver trabajar las abejas ya me relaja y me ofrece un poco de energía. Entonces pienso que hay pequeñas cosas del día a día que son cercanas a la magia, como los amaneceres y atardeceres; la luna que va creciendo y ofreciendo su reflejo al mar todas las medianoches; el pajarito de cola blanquinegra que se acerca casi todos los días hasta la ventana a modo de saludo; ciertas melodías que hacen que se ericen todo el vello del cuerpo; el murmullo del viento a través de los pinos...
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